FOTO CREDENCIAL Escrito por: Fernando Rgo. Soto P. Administrador Público y Gestor Cultural

El mes de mayo nos dejó con un sabor amargo. Como nunca antes se  concentraron dos hechos que nos debe llevar a una reflexión profunda, y a una actitud distinta en el actuar frente a la participación política y social.

El jueves 14, en el marco de una movilización convocada por estudiantes y trabajadores, mueren asesinados dos jóvenes, Diego Guzmán y Exequiel Borvarán. Un particular, tras un confuso incidente, entra a su casa, saca un arma y dispara. Dos vidas truncadas en pleno ejercicio de la expresión libertaria.

El jueves 21, mientras se desarrollaba el discurso presidencial en el Congreso, decenas de organizaciones se convocaban en las calles, expresando las demandas legítimas del movimiento social. Paulina Estay y Rodrigo Avilés son víctimas de la represión policial, y si bien Paulina se recupera de fuertes golpes, Rodrigo lucha por su vida, alentado por familiares y compañeros que hacen vigilia afuera del hospital.

Dos hechos ocurridos en Valparaíso. Ambos en el entorno de Plaza Victoria, que de centro social ya pasa a ser epicentro de sangre y de enfrentamiento. Todo lo opuesto a una sociedad democrática y en sana convivencia.

La responsabilidad de la dirigencia política aquí es fundamental. Y ni siquiera llego a los gobiernos, sino que a las conducciones partidistas que han dominado el poder de decisión de los últimos años. El poder político, que fija rumbos en la sociedad, más que dedicar sus objetivos a construir un país inclusivo y solidario, se ha manejado en el acomodo y la búsqueda de intereses y privilegios mezquinos, propios de su condición.

Solo así se explica que los procedimientos que usan las fuerzas especiales de carabineros sean las mismas que utilizó la dictadura para reprimir la protesta popular, que especialmente en la década de los ochenta, creció a tal magnitud que fue capaz de superar el miedo y terminar con 17 años de oscuridad. Aún así, la doctrina no ha variado en estos años, lo que permite que ocurran hechos tan lamentables como indignos…….tan injustos como repudiables y vergonzosos.

Si las normas procedimentales fueran distintas y se cumplieran, ningún efectivo de fuerza especial impactaría su armadura contra una joven indefensa, ni menos el carro lanza aguas dispararía su fuerza contra el cuerpo de los estudiantes a menos de cinco metros de distancia. Eso habría evitado la lesión de Paulina y el actual sufrimiento de todo el entorno de Rodrigo, que mantiene expectante al país.

Si las fuerzas de orden y seguridad se dedicaran a custodiar las manifestaciones, como ocurre en la mayoría de los países, y a brindar apoyo en los itinerarios proyectados, quizás el descontrol del agresor de Diego y Exequiel hubiese sido tempranamente reducido y aún estarían con nosotros.

En otros tiempos, ante hechos tan condenables como estos, pero claramente excepcionales de nuestra historia, la dirigencia política ha tenido una altura distinta. Así podemos recordar que en 1946, el ministro de Obras Públicas Eduardo Frei Montalva, renunció al cargo en protesta por la llamada ‘masacre de la Plaza Bulnes’. Ya antes, en 1938, Bernardo Leighton renuncia al ministerio del Trabajo ante la actitud del Presidente Alessandri contra la libertad de expresión.

Los hechos nos interpelan. Los jóvenes y estudiantes hace tiempo vienen señalando el camino de la dignidad y la justicia. En la lucha y la utopía, la sangre derramada y la vigilia de Valparaíso, brotará rebelde para hacer posible un Chile distinto.